
El despido improcedente: qué es, cómo se declara y qué consecuencias tiene
El despido improcedente es una de las situaciones más frecuentes en el ámbito laboral español. Se da cuando un trabajador es despedido sin que exista una causa válida o sin que se cumplan los requisitos legales exigidos para que el despido sea considerado procedente.
En este artículo te explico de forma sencilla qué significa que un despido sea improcedente, cómo se declara, cuáles son los plazos, los efectos, y qué dice la jurisprudencia más reciente.
¿Qué es un despido improcedente?
El despido improcedente se regula en el artículo 56 del Estatuto de los Trabajadores (ET).
Se considera improcedente cuando el empresario:
- No acredita la causa alegada para despedir (por ejemplo, no hay motivos reales de bajo rendimiento, indisciplina, causas objetivas, etc.), o
- No cumple los requisitos formales del procedimiento (como la falta de carta de despido, ausencia de preaviso, defectos en la forma escrita, etc.).
En otras palabras, el despido es improcedente cuando no se justifica debidamente o no se hace conforme a la ley.
Plazo para impugnar el despido
El trabajador dispone de un plazo de 20 días hábiles (no cuentan sábados, domingos ni festivos) desde la fecha de efectos del despido para presentar la papeleta de conciliación ante el Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación (SMAC) o el órgano autonómico equivalente.
Este plazo es de caducidad, lo que significa que si se pasa, se pierde el derecho a reclamar.
Tras la conciliación (si no hay acuerdo), el trabajador puede presentar la demanda judicial por despido ante el Juzgado de lo Social.
Requisitos formales y materiales del despido
1. Requisitos formales:
Dependen del tipo de despido:
- Despido disciplinario: debe notificarse por escrito, detallando los hechos imputados y la fecha de efectos (art. 55 ET).
- Despido objetivo: requiere carta escrita, causa concreta, preaviso de 15 días, e indemnización de 20 días por año entregada simultáneamente.
2. Requisitos materiales:
La causa debe estar justificada, probada y proporcional. Si el empresario no demuestra que la causa es cierta y suficiente, el despido será declarado improcedente.
¿Quién declara la improcedencia?
La improcedencia puede ser reconocida por el empresario o declarada judicialmente:
- Reconocimiento empresarial:
El empresario puede reconocer la improcedencia del despido en el momento del SMAC o antes del juicio, o en cualquier momento antes de la fecha del juicio (33 días por año con un máximo de 24 mensualidades).
Este reconocimiento extingue la relación laboral sin necesidad de juicio.
- Declaración judicial:
Si no hay acuerdo, el Juzgado de lo Social puede declarar el despido improcedente mediante sentencia, obligando al empresario a elegir entre:
- Readmitir al trabajador (pagando los salarios de tramitación), o
- Indemnizarle con 33 días de salario por año de servicio (con límites de 24 mensualidades).
Si el despido se produjo antes del 12 de febrero de 2012, se aplican dos tramos indemnizatorios (45/33 días) según la antigüedad.
La teoría gradualista: proporcionalidad en el despido disciplinario
La teoría gradualista es un principio jurisprudencial que permite graduar las sanciones disciplinarias, evitando que faltas leves o aisladas se castiguen con el despido directo.
En esencia, sostiene que no toda infracción justifica el despido, y que los jueces deben valorar:
- La gravedad objetiva de la falta,
- El perjuicio real causado,
- La proporcionalidad de la sanción, y
- Las circunstancias personales y laborales del trabajador (antigüedad, historial disciplinario, buena fe, etc.).
Si el despido se considera desproporcionado, el juez puede declararlo improcedente, aunque el hecho imputado sea cierto.
Conclusión
El despido improcedente es una garantía esencial de los derechos laborales, que busca equilibrar el poder entre empresa y trabajador.
Su correcta impugnación exige conocer los plazos, cuidar la forma y analizar la proporcionalidad de la medida.
Consejo de JM-ABOGADO:
Ante un despido, no firmes nada sin asesorarte previamente. La forma, la fecha y las causas que consten en la carta son claves. Un buen análisis puede convertir un despido aparentemente válido en improcedente, con derecho a readmisión o indemnización importante.